El odio hacia la genitalia trans; el mito del sexo

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Ojo si eres sensible a genitales y odio hacia lo trans, porque hoy la CISterna recoge una frase muy típica y que necesitamos mandar por el retrete urgentemente: “soy bollera, me van los coños”.

-Tiempo estimado de lectura: 4 minutos.
-TW: transmisoginia, mención genitales, hipersexualización, fetichismo y deshumanización racista,

Las preferencias sexuales y el deseo son constructos sociales, y como tales, están condicionadas por el resto del tejido social estructurado. Esto, traducido, significa que, si por ej, vivimos en una sociedad dividida en géneros, éstos influirán en nuestras preferencias sexuales. Y si además, vivimos en una sociedad en la que algunos géneros están oprimidos por otros, pues puedes resolver la ecuación: el deseo y las preferencias sexuales se verán influenciadas por estas relaciones de poder. De la misma forma funciona con las razas, con las capacidades, la clase…

Si estás en posición de ventaja respecto al racismo frente a alguien (por ser blanca por ejemplo) ejerces racismo en tu construcción del deseo hacia ella. De ahí la estigmatización (los chinos no me ponen), la fetichización (una buena polla negra) o hipersexualización (las latinas follan cabrón). Y eso ocurre también con lo trans. Como nuestra sociedad odia lo trans, y determina los géneros en función de los genitales y de prototipos de cuerpos cis, construimos nuestras preferencias sexuales de la misma forma inconscientemente (y conscientemente también).

Es por eso que las mujeres trans, por ejemplo, estamos en una posición tan peligrosa frente al deseo ajeno. Por una parte, se nos invisibiliza, ya que si te gustan sólo las mujeres “es porque te van los coños”. Y si como tío te van sólo las pollas “es porque eres gay”. Así lo aprendemos. Por otro lado, se nos hipersexualiza o fetichiza. Somos “lo otro”. Lo raro. Lo exótico (aún siendo blancas, imagina las que no lo son). El deseo prohibido (si quieres leer sobre esto más en profundidad, haz clic aquí). Y eso nos dificulta mucho vivir nuestra sexualidad de una forma que no sea cumpliendo sueños sucios de gente.

Si te van las tías y rechazas a las que tienen pene, da por sentado que lo más probable es que sea por culpa de la transmisoginia que llevas dentro. Acéptalo, reconócelo, y trabájalo. Tus preferencias son transmisóginas. Tu deseo es transmisógino. Es el primer paso para deconstruirte la violencia que ejerces como cis y que dejes de ir por la vida traumatizando a las mujeres trans que tenemos pene y que vivimos en constante rechazo ajeno, que suele acabar convirtiéndose en propio y que deriva en cosas muy feas que explico en otros posts.

Esta transmisoginia la intentáis camuflar de formas bien pintorescas; habláis de que no sois transmisóginas, sino que tenéis fetiche con las vulvas, o de que no es que haya aprendido a odiar a las mujeres trans, solo que no me veo follando con alguien con polla, porque me gustan demasiado los coños. Como si en vuestro imaginario no cupiera otra forma de relacionarse sexualmente con alguien, que no sea a través de una vulva. Si es que ni siquiera es necesario interaccionar con los genitales para establecer relaciones sexuales, ¿os acordáis de lo de romper con los patrones cisheteropatriarcales en el sexo? Pues en el lesbianismo eso nos lo pasamos por el forro. Y cuidado, que esto se extrapola a otros ejes de opresión eh? Si eres fetichista de pies y rechazas relacionarte sexualmente con personas que no cumplen con la normatividad capacitista (por ejemplo, con personas que sólo tienen un pie o ninguno), estás siendo capacitista.

Otro argumento que se usa constantemente para camuflar el odio hacia lo trans: “es que la gente trans nos quiere obligar a que follemos con elles”. Excuse me? Nadie os está obligando a follar con nadie. Si de verdad alguien no es capaz de tener relaciones sexuales con una persona trans por sus genitales, jamás debe forzarse a ello. Pero es necesario entender por qué. Y reconocerlo. Y aceptarlo: he rechazado sexualmente a una persona trans porque he aprendido a odiar lo trans, odio lo trans y eso está mal. Ah, y claro, en última instancia, trabajarlo para que deje de ocurrir, porque si realmente te sientes cómode diciendo esto último con el fin de ir con tu pancarta de aliade transfeminista y seguir rechazando sistemáticamente a las personas trans y quedar de buena persona que se deconstruye, quizá lo que eres es una mierda de ser humano.

Y finalmente, un recordatorio, por si ya se te ha olvidado: el deseo es una construcción social, y las mujeres trans con pene somos mujeres.

La CISterna Transfemmenista

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