Chicas trans en Tinder; el campo de minas del deseo 2.0

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Las mujeres trans, al menos muchas de nosotras, somos constantemente confundidas con hombres en el súper, en la panadería, en el trabajo, etcétera; imaginaos lo complicado que es algo aparentemente tan típico como iniciar un vínculo sexoafectivo con alguien en un espacio de ocio, o dicho de otra forma, ligar en un bar. Es por eso, que en ocasiones sólo tenemos la opción de conocer a gente -en ese sentido- a través de las redes sociales / apps de ligue, ya que ahí puedes dar una breve información previa como por ejemplo indicar tu género (a veces), tu orientación sexual, etc., Sin embargo, como seguramente sepáis ya, estamos enormemente apartadas del campo del deseo, por innumerables razones. Eso deja un escenario poco favorable para las chicas trans a la hora de interactuar de forma sexoafectiva. Hoy os hablaré de las consecuencias de esto, materializado en violencias que recibimos en apps de ligue.

Avisos de contenido sensible: sexo, fetiche, body policing, transmisoginia, mención genitales, hipersexualización, slur “m*r*cón”

Tiempo estimado de lectura: 3-4 minutos

Podemos empezar hablando de la hipersexualización y el fetiche. Es decir, la medallita, el tirarse a una trans porque somos lo “raro”, lo diferente, y por tanto, lo super sexy, y por ese motivo nos desean; para satisfacer sus ganas de probarnos. Esta fantasía implica tanto a los hombres cis y trans, como a las mujeres cis. De hecho, mi experiencia como lesbiana es que muchísimas de las mujeres cis han encontrado en mi condición de mujer trans un aliciente para relacionarse sexoafectivamente conmigo (por lo explicado anteriormente). Eso implica que recibimos frases como “me encantaría hacerlo con una mujer trans”. O “a mí siempre me han gustado los hombres femeninos”, donde ya directamente se nos arranca de cuajo nuestra identidad de mujeres.

También, por otro lado, somos la fantasía heteroprohibida de los tíos; por decirlo mal y pronto, hombres ultraheterazos que quieren comerse una polla sin sentirse mal, y para ello deciden utilizarnos a nosotras bajo el pretexto de “lo hago por la fantasía”. No vaya a ser que, en el concepto cissexista de la heterosexualidad de sus amigotes, él sea considerado un maricón. De nuevo somos el objeto desechable, el pañuelo de papel en el que sonarse los mocos.

Otra de las violencias que recibimos las mujeres trans en Tinder, es la de convertir nuestra identidad en un entretenimiento. Cosas tipo “cuéntame sobre tu experiencia”, o “no pareces una chica, no entiendo lo que eres, explícamelo”, o preguntarnos si nos hemos operado de algo, o si nos hormonamos, o si nos tiene que tratar en femenino cuando en nuestra propia bio de Tinder indicamos los pronombres. Todo esto son mensajes que devienen una tónica más que habitual a la hora de relacionarnos en Tinder.

Qué más. Ah, sí, por supuesto. La negación deliberada de la identidad. Especialmente en aplicaciones para mujeres a las que nos gustan las mujeres, como Wapa, en la que he recibido constantes mensajes preguntándome que qué hacía en una app de mujeres “siendo un hombre”, o pareciéndolo (?). Y en ese sentido, Tinder tampoco se salva; Misgenderings a tope, y frases iniciales tipo “que sepas que si fueras un chico serías guapísimo”, son mi pan de cada día cuando interactúo con personas con las que he hecho Match.

Más violencias; el vacío. Si bien por una parte nos fetichizan constantemente, este fenómeno convive en perfecta armonía con el de excluirnos del ámbito del deseo. Del deseo sano, del que no se construye en base a dinámicas de poder. Y digo “en base a” porque, por muy deconstruidas que estemos, es inevitable que en todas las relaciones sexoafectivas/románticas existen ciertas dinámicas de poder (por ejemplo, como mujeres blancas, por muy trans que seamos, también nos beneficiamos de las dinámicas de poder cuando nos relacionamos con una persona no blanca).

Cuando hablo de vacío, pensad en esto: si bien la experiencia de interacción en Tinder para mujeres cis atraídas por tías es “veo una chica, esa chica me gusta, le doy like, probablemente hacemos match, y empezamos a hablar sobre cualquier cosa”, mi experiencia más habitual como mujer trans (incluso siendo delgada y blanca) es: “veo a una chica, me gusta, le doy like, y, a partir de ahí, la mayoría de veces o no hay match (literalmente el 95% de las veces), o en alguna que otra ocasión hay match y a los tres mensajes ya estoy recibiendo transmisoginia deliberada”.

La mayoría de estas violencias, además, las he recibido con más dureza en etapas más iniciales de mi transición, cuando todavía encajaba menos con el estándar de mujer trans normativo; cambio de nombre, uso de maquillaje, eliminación de barba, ropa femenina,… En definitiva, y aunque las TERF puedan considerar esto “una pataleta porque no ligamos”, la realidad es que todas estas experiencias violentas y de exclusión son la reproducción de un imaginario colectivo en el que las mujeres trans no encajamos

El problema no es sólo ligar o no.

El problema es por qué.

La CISterna Transfemmenista

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Créditos de la imagen: https://blog.gotinder.com/genders/


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